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Todos sabemos que innovar puede llegar a tener costos muy altos, tanto en dinero como en aspectos culturales internos y en el mercado. Los riesgos de fracaso asociados a los procesos de innovación empresarial son altos. Estadísticas disponibles revelan que sólo un 3-5% de todos los proyectos o ideas innovadoras llegan a transformarse en resultados concretos. Eso significa que de cada 100 ideas o proyectos, 95 no llegan a concretarse nunca, y se perdió la inversión realizada en ellos. Los inversionistas de capital de riesgo llegan a tener un 30% de éxito en sus proyectos, y eso que se dedican justamente a generar nuevos negocios a partir de ideas innovadoras, por lo cual son especialistas en capturar buenas ideas, descartar rápidamente las malas, y obtener altas rentabilidades del 30% de proyectos que sí son exitosos.

Si queremos innovar, debemos estar dispuestos a "perder" inicialmente. Perder dinero, esfuerzo, horas hombre, participación de mercado. ¿Qué es lo razonable? ¿Cuál es el porcentaje de presupuesto anual que un gerente de su empresa puede "perder" haciendo experimentos, prototipos e innovaciones varias,  sin recibir castigo de la gerencia? ¿Qué pasaría si cada unidad de negocio tiene autorizado en esta forma un 10% de su presupuesto anual para innovar, sin tener que rendir cuentas si esa inversión no rinde frutos en ese mismo período? Debemos estar dispuestos a financiar y apoyar la innovación en nuestras unidades de negocio, en áreas operacionales, entregando los recursos y apoyo necesarios. Algunas formas en que esto se puede implementar. 

     * Definir una estrategia focalizada y con reglas claras para invertir en innovación, alineada con el negocio, antes de
        embarcarse!
     * Generar un espacio presupuestario anual de libre disposición para los gerentes y supervisores, en todos los niveles
     * Implementar un programa de apoyo que permita reducir o compartir el riesgo en el uso de esos recursos
     * Involucrar más a las áreas de finanzas y planificación para mejorar la calidad de las evaluaciones de ideas y proyectos
     * Generar mecanismos de incentivo que fomenten la inversión en innovación
     * Implentar mecanismos de "alerta temprana" para detectar ideas o proyectos que no prosperarán

Los gastos siempre deben minimizarse, las inversiones siempre deben rentabilizarse. Los gastos son muy fáciles de estimar (y se pueden reducir), mientras la rentabilidad de las inversiones siempre tiene un alto grado de incertidumbre. Más áun cuando invertimos en proyectos e ideas innovadores, que no tienen precedente alguno por su propia naturaleza. Si un producto o servicio no existe en el mercado, ¿cómo aseguro que se venderá y será rentable? No debemos gastar en innovación, sino invertir en innovación. Y como ocurre con cualquier inversión, debemos estar dispuestos a arriesgar al principio, para terminar rentabilizando en el futuro. Si no lo hacemos, terminaremos perdiendo de todas maneras: dinero, participación de mercado, y eventualmente la propia empresa.